Hablar de literatura es,
probablemente, una de las experiencias más reconfortantes y complejas de mi
vida. Para ello se requiere una, como diría Pablo de Rokha, una “actitud de
acuario”.
Para contextualizar, un poco de
historia: el primer acercamiento consciente a la literatura fue cuando a los 6
años me operaron de apendicitis y, en la clínica, mi madre me leía “La espada
en la piedra”, historia que a mí me daba mucho miedo, pero que aguanté
estoicamente por un par de noches porque entendía las mejores intenciones de mi
progenitora… pese a ello, desde muy pequeña he sido buena lectora (mi primer
libro, cómo olvidarlo, Papelucho en la clínica), sin embargo el canon de
lecturas escolares nunca fue mi fuerte… ni de lejos.
No tengo recuerdos de lecturas
literarias importantes hasta la adolescencia, cuando en la efervescencia de la
rebeldía me encontré con Jordi Sierra i Fabra, García Márquez, Borges y por
supuesto los filósofos inolvidables… Entonces ¿qué es literatura? ¿se puede
responder? ¿se puede “canonizar”?
Años después, me titulé de
periodista y entonces comprendí la importancia de la lectura y, por sobre todo,
de la escritura. Entendí que el mundo entero está cifrado, que el conocimiento
es poder y que debiera ser democrático, que el lenguaje es la herramienta de
acceso a cualquier conocimiento existente y que aquello que no se nombra muchas
veces no se piensa ni existe en la vida real.
Más tarde, encontré mi vocación y
estudié pedagogía. Vi a los jóvenes en su entorno y con sus pares. Hablé con
ellos de sus intereses. Escuché sus miedos y felicidades. Los vi emocionarse
con un texto y babear de aburrimiento con muchos otros. Escuché sus quejas
contra el sistema, la escuela y mi asignatura (Lenguaje y comunicación)...
Hoy, por vicisitudes del trabajo,
pero más que todo por interés de conocer un mundo hasta hoy completamente
oscuro para mí, ingreso a un programa de estudios cuyo tema es el fomento de la
lectura y literatura INFANTIL y juvenil… ¡¿INFANTIL Y JUVENIL?!... ¿¡INFANTIL?!
¿por qué si no sé nada de ello?
Y entonces surge la pregunta
clave de esta primera entrada del blog: ¿qué es la literatura infantil? La
verdad, no lo sé… pero tengo algunas ideas en la cabeza.
En primer lugar la literatura
infantil, a mi entender, corresponde a los textos de carácter e intención
literaria que están dirigidas (ojalá) en su totalidad a los niños y, en ese sentido,
que buscan abrirles miradas a realidades desconocidas todavía para ellos, pero
al mismo tiempo significar un punto de encuentro con otros que son similares o
tal vez muy distintos a sí mismos.
Por otra parte, debe ser una
actividad placentera, convertirse en un pasatiempos real entre muchas otras
opciones y un vínculo con sus familias y amigos, ya que puede ser una actividad
compartida.
Finalmente, creo desde mi absoluto
desconocimiento, que debiera ser la
literatura infantil la forma de ejercitar una de las herramientas más
importantes de los adultos o jóvenes para acceder al conocimiento existente y,
lo que es mucho más importante, para la creación del nuevo acervo cognitivo.
Esto último lo menciono debido a
que durante mis años de desempeño docente en Enseñanza Media, he podido
visualizar un desencanto hacia la actividad de leer, con razones poco claras,
difusas, pero que, en la mayoría de los casos se puede resolver y volver a
encantar a los jóvenes con esto que a nosotros tanto nos apasiona.
La pregunta entonces es, ¿por qué
reencantarlos si podemos solo encantarlos desde un principio?
Reflexionemos entonces. Este
tiempo es nuestro. Hagamos lo que esté a nuestro alcance.
Y más.